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Respuesta inmune: La inmunidad celular y humoral

La inmunidad celular y la humoral tienen una función efectora específica, de modo que se estudian de forma separada, pero en la realidad suelen actuar de forma conjunta.

La inmunidad celular está mediada por los linfocitos T (los que actuarán contra las células infectadas). Por otro lado, tenemos la inmunidad humoral mediada por anticuerpos que se vuelcan a la sangre para actuar contra los agentes patógenos, estos anticuerpos son solubles en el plasma, por eso se denomina inmunidad humoral.

La inmunidad celular y humoral ¿cómo actúan?

Aunque se dividan las funciones y se parcelen los campos de acción del sistema inmune, es decir los linfocitos T actúan frente agentes intracelulares y los B contra agentes extracelulares, no es así en la realidad.

En la mayoría de los casos va a existir comunicación entre ambos sistemas, de forma que se consiga la mayor eficacia posible para vencer a la infección.

Tenemos como ejemplo el caso de las infecciones virales. Los virus necesitan la maquinaria de replicación de la célula para su supervivencia, de modo que son organismos intracelulares obligatorios. Esto nos empujará a pensar que la respuesta  inmune debería ser llevada a cabo por los linfocitos T, pero también sabemos cómo nos ha puesto de manifiesto el Covid 19 que se forman, paralelamente a la activación de los linfocitos T efectores, anticuerpos específicos por parte de los linfocitos B.

Esto indica que la realidad es más compleja que las descripciones y las conclusiones teóricas.  Además, esta división resulta útil para el aprendizaje y el estudio de la función inmune.

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La inmunidad celular

Se denomina inmunidad celular porque son las células, en particular los linfocitos T, las encargadas directas de luchar contra las infecciones. Estas infecciones son de carácter intracelular, siendo principalmente los virus los causantes de estas infecciones, pero también podemos encontrar bacterias, hongos, protozoos…, capaces de infectar a la célula.

La inmunidad humoral

La inmunidad humoral es la respuesta específica del sistema inmune. Forman parte de ella el reconocimiento de antígenos y la producción de anticuerpos. 

Diferencias entre inmunidad celular y humoral

  • En la inmunidad celular, los microorganismos y sus toxinas son atacados directamente por células. En el caso de la inmunidad humoral, el ataque se produce con anticuerpos que inactivan y señalan los agentes más peligrosos para que sean destruidos.
  • La inmunidad humoral (parte de la inmunidad adaptativa o adquirida), se activa en respuesta a un ataque concreto. Por el contrario, la inmunidad innata resulta inespecífica (su efectividad es menor).
  • La inmunidad celular es la otra parte de la inmunidad adquirida o adaptativa. En esta, determinadas células del sistema inmunitario van a liberar toxinas con el objetivo de destruir a los invasores (sin que sea necesario que intervengan anticuerpos).

Linfocitos T e inmunidad

Los linfocitos T provienen de la médula ósea, pero maduran en el timo, donde los linfocitos T vírgenes que salen son capaces de reconocer casi ilimitadas morfologías antigénicas.

Estos linfocitos T pueden ser efectores, los conocidos CD 8+ y los cooperadores o CD 4+, ambos expresan receptores específicos TCR que son diferentes entre ambos.

En el caso de los linfocitos T efectores, una vez reconozcan el antígeno por medio de sus receptores, derivarán en el desarrollo de una expansión clonal de linfocitos T capaces de reconocer dicho antígeno que destruirá las células infectadas, migrando a los lugares donde se encuentre la infección.

Por otro lado, tenemos a los linfocitos T cooperadores. Los encontraremos en los órganos linfoides secundarios, donde junto con los linfocitos B asistirán a los linfocitos B en la producción de anticuerpos, principales moléculas que intervienen en la inmunidad humoral.

Los linfocitos T, una vez activada la respuesta inmune van a dar lugar a linfocitos T de memoria, de forma que en futuras infecciones con el mismo microorganismo, el organismo podrá reconocerlo y actuar de forma más eficaz y rápida.

Para reconocer la célula infectada, los linfocitos T deben reconocer el CMH clase I presentado en superficie por la célula infectada.

Linfocitos B e inmunidad

Los linfocitos B van a ser los encargados de llevar a cabo la respuesta inmune humoral por medio de la producción de anticuerpos. Estos anticuerpos son solubles en plasma, por lo que circulan por el torrente sanguíneo hasta alcanzar su diana, siendo este mecanismo el principal responsable de la lucha contra los agentes extracelulares.

De la misma forma que sucede con los linfocitos T, los B también tienen un repertorio casi ilimitado.

Estos linfocitos B salen de la médula ósea al torrente circulatorio, en forma de linfocitos B vírgenes expresando en su superficie Ig M e Ig D.

Los linfocitos B se activan en los órganos linfoides, de modo que los antígenos tienen que llegar a estos órganos linfoides, como son los ganglios linfáticos, donde al diferenciarse producirán los diferentes anticuerpos.

En el caso de los linfocitos B, para activarse y producir una respuesta frente al patógeno, requiere de la colaboración de los linfocitos T cooperadores que deben activarse simultáneamente por medio del reconocimiento del CMH clase II. Así, pueden presentar los mismos linfocitos B o también por medio de las células dendríticas y macrófagos.

Este tipo de interacción entre los linfocitos T y B parece estar relacionada con la tolerancia inmune, lo que evita o reduce la autoinmunidad.

Los linfocitos B, una vez activados, producirán inmunoglobulinas de diversos tipos. Entre ellas encontramos:

  • Ig A.
  • Ig G.
  • Ig M.
  • Ig E.

De la misma forma que los linfocitos T, los linfocitos B también producen células de memoria, que facilitan una respuesta inmune ante una infección por el mismo agente patógeno.

La inmunidad celular y humoral

Aunque se dividan las funciones y se parcelen los campos de acción del sistema inmune, es decir, los linfocitos T actúan frente agentes intracelulares y los B contra agentes extracelulares, no es así en la realidad.

En la mayoría de los casos va a existir comunicación entre ambos sistemas, de forma que se consiga la mayor eficacia posible para vencer a la infección.

Tenemos como ejemplo el caso de las infecciones virales, es sabido que los virus necesitan la maquinaria de replicación de la célula para su supervivencia, de modo que son organismo intracelulares obligatorias, esto nos empujará a pensar que la respuesta  inmune debería ser llevada a cabo por los linfocitos T, pero también sabemos como nos ha puesto de manifiesto el Covid 19 que se forman, paralelamente a la activación de los linfocitos T efectores, anticuerpos específicos por parte de los linfocitos B.

Esto indica que la realidad es más compleja que las descripciones y las conclusiones teóricas, además esta división resulta útil para el aprendizaje y el estudio de la función inmune.

¿Qué aplicaciones tiene el conocimiento de la inmunidad?

Las aplicaciones más relevantes derivadas del conocimiento de la función inmune son:

Desarrollo de vacunas

En la actualidad se están concentrando todos los esfuerzos en la búsqueda de una vacuna que sea capaz de frenar la gravedad de la infección por el SARS-COV II. Para ello, se está intentando desarrollar una vacuna capaz de reconocer al virus e inducir una respuesta inmune eficaz.

Tratamiento de la autoinmunidad

El conocimiento ayuda a dilucidar los procesos implicados en su aparición y su manejo por medio de fármacos, que en la actualidad suelen ser principalmente inmunomoduladores.

Inmunoterapia antitumoral

Pudiendo actuar por medio de la activación del sistema inmune frente a proteínas específicas de las células tumorales.

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