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Plicoma: ¿Qué es y cómo se trata?

plicoma

Un plicoma es un pliegue engrosado a modo de papila. Se emplea este término fundamentalmente para denominar los pliegues engrosados que aparecen en la región perianal. Los plicomas no desaparecen y tampoco son hemorroides externas, aunque en la mayoría de los casos aparecen tras estas, debido a la distensión de los tejidos, la trombosis de los vasos que contiene una hemorroide externa, las respuestas inflamatorias que incrementan la formación de matriz, esta termina por degenerar dando lugar al denominado plicoma anal.

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¿Algo más que saber del plicoma?

En algunas ocasiones los plicomas anales vienen acompañados de síntomas que pueden mimetizar una hemorroide externa activa, en estas situaciones debemos investigar bien porque nos podemos encontrar con el denominado plicoma perianal o hemorroide centinela.

Estas situaciones se producen como consecuencia de una fisura anal de naturaleza crónica, y ha de tratarse como tal y no como una hemorroide externa.

En la fisura anal crónica, su forma clásica; podemos hablar de la tríada de Brodie compuesta por una papila anal hipertrófica, un colgajo cutáneo o “hemorroide centinela” y en mayor profundidad una úlcera. Siendo fundamental su estudio, puesto que puede estar asociada a enfermedades sistémicas que afectan al tubo digestivo.

¿Cómo tratamos el plicoma anal?

En la mayoría de las situaciones el plicoma anal es el resultado que deriva de la resolución de una hemorroide externa, por lo que es una buena noticia. Cierto que puede resultar molesto según el tamaño o localización, pero quizás los que más afecta del plicoma sea desde la perspectiva estética. Por lo tanto, en la mayoría de las situaciones no requiere de tratamientos salvo el estético.

En el caso que nos encontremos con un plicoma perianal o hemorroide centinela asociado a una fisura anal, claro está que el tratamiento está indicado y ha de ser resuelta la situación, en algunas ocasiones con el empleo de la cirugía, sobre todo cuando está asociada a una fisura anal crónica, debiendo descartar que sea secundaria a una enfermedad como la colitis ulcerosa, Crohn, VIH, entre otras.

Fisura anal con plicoma anal

Hemos visto de forma somera que en algunas situaciones el plicoma acompaña a una lesión de mayor entidad y esta segunda puede estar asociada a otros procesos y entidades morbosas más graves.

Siendo fundamental la exploración y una buena anamnesis, para encontrar la causa de la aparición de la fisura anal y del plicoma anal.

En la mayoría de las situaciones se da de forma aislada, mostrándose como un proceso agudo, siendo la mejor forma de tratarlo evitar el estreñimiento, reduciendo las posibles evacuaciones duras y el reflejo esfinteriano.

Esto podemos hacerlo por medio de la ingesta de alimentos ricos en fibra como puede ser el empleo de productos naturales como el Psyllium plantago, baños de asiento calientes con el propósito de relajar la musculatura del esfínter, reportándose curaciones superiores al 80%.

Sin embargo, en el caso que nos encontremos con una fisura anal que ha evolucionado en el tiempo, la curación con estos métodos no suele resultar, siendo requerido el empleo de la cirugía. Debiendo como he dicho anteriormente descartar enfermedades de mayor identidad.

El plicoma más que una anécdota

De forma muy sucinta hemos visto como algo tan, puede esconder procesos más graves. Esta es una forma de ver como el medio interno termina por afectar al terreno biológico, transformando parte de sus estructuras.

Conocer nuestra naturaleza, las necesidades orgánicas, los cuidados que requieren nuestros sistemas es, aunque no lo parezca, una de nuestras funciones fundamentales.

Dejar que se pervierta y remodele nuestras conductas solo por la bioquímica de los centros superiores, solo conduce al abandono de la masa celular que nos sustenta. El hecho que René Quinton percibiera las constantes como una necesidad, era el producto de la observación de cómo es en realidad nuestra naturaleza, está repleta de constantes fundamentales y más que necesarias para conservar nuestro estado de equilibrio y por ende de la salud.

Seamos conscientes que somos una entidad orgánica, cuya función es preservar el medio interno que baña y nutre a cada una de nuestras células.

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