cariolisis

Se define como osmolaridad a la medida que expresa el nivel de concentración de solutos en una solución. En el caso del plasma sanguíneo la osmolaridad plasmática es la concentración de solutos disueltos en el plasma. Esta está relacionada directamente con los moles de los diferentes solutos y con el número de partículas en las que se disuelve.

Un osmol es igual a un mol de partículas, sin importar el tamaño de estas. En el caso de las moléculas dependerá del número de partículas en las que se disuelva. Por lo que una solución de un mol de cloruro sódico en un litro de agua  tendrá por la disolución de las dos partículas, la de sodio y la de cloro, dos osmoles por litro.

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La osmolaridad plasmática y su regulación

La osmolaridad es fundamental para la vida, pues son los osmolitos activos los encargados de mantener el agua en los diferentes compartimentos. La osmolaridad plasmática oscila entre 285-295 mOsm/L estando estrechamente regulada, ya que sus variaciones tienen efectos neurológicos importantes pudiendo llegar a la muerte.

En condiciones normales la osmolaridad plasmática está relacionada con las concentraciones de sodio, siendo su valor el doble de la concentración del sodio plasmático.

La regulación de la osmolaridad plasmática está fundamentalmente controlada por el hipotálamo, este por medio de  unos osmoreceptores regulará el nivel de agua que entra en el cuerpo con el mecanismo de la sed y con la producción y liberación de la ADH (hormona antidiurética) en la hipófisis posterior.

Por lo tanto, para controlar la concentración de sodio (natremia) el organismo lo hace mediante la ingesta de agua y su retención por parte de la ADH en el riñón. Debemos entender que el mecanismo de la sed es por mucho el más importante, al ser este el único que puede inducir al consumo de agua. Por esto se tiene que tener especial cuidado con ancianos, lactantes, encamados al ser una población susceptible a la restricción de agua.

La osmolaridad plasmática oscila entre los 285-295 mOsm/L, variaciones por encima o por debajo de estos niveles darán lugar o un estado de hiperosmolaridad o hipoosmolaridad respectivamente, que pondrán en riesgo la vida.

La osmolaridad plasmática, está principalmente controlada por la concentración de sodio. Por tanto el sodio es el principal regulador del volumen del líquido extracelular.

Osmolaridad plasmática y estados de deshidratación e hiperhidratación

La osmolaridad nos habla de los estados de turgencia o tono de las células y tejidos, es decir, estados de hidratación. Esto es aceptable en términos generales, pero realmente en el caso de la  deshidratación, esta puede ser hipotónica, isotónica e hipertónica.

En todos los casos el organismo activará todos los mecanismos necesarios para volver a su estado de equilibrio, tanto en lo concerniente a la tonicidad como para el volumen del líquido de los compartimentos. Por ser fundamental una perfecta perfusión tisular para la nutrición y una correcta proporción mineral para múltiples funciones como la actividad conducción neuronal, enzimáticas, entre otras.

Por qué se determina una osmolaridad plasmática concreta

Entre las leyes de la constancia de René Quinton, encontramos una Ley que podría aproximarse a la respuesta esperada. En la Ley de la constancia osmótica, postula que la vida se pudo dar en unas condiciones semejantes a las que se encontraba el mar en el momento de  aparición de la vida, por lo que condicionó las características del organismo a los fenómenos que en ese momento se daban. Por lo tanto las concentraciones de los diferentes solutos de nuestro plasma están ligados a las concentraciones del mar en el momento de nuestros primeros ascendentes.

Esto indicaría que la osmolaridad plasmática no es consecuencia de los mecanismos de control de nuestro organismo que, con la evolución, han encontrado la concentración ideal para el buen funcionamiento de la actividad celular.

Sino más bien la concentración de nuestros solutos, nuestra osmolaridad, es consecuencia de las condiciones marinas en las que se dio la vida y por lo tanto el sistema no se perfecciona para encontrar las osmolaridad ideal, solo se encarga, por todos los medios, de intentar mantener ese acuario marino en el que en tiempos pretéritos se dio la vida.

La osmolaridad plasmática es consecuencia de las constantes de la vida, de las regularidades tácitas que son indelebles con el paso de los tiempos. Por ello la Terapia Marina en concentración isotónica, es el modo de aportar a la célula el equilibrio hidromineral y energético que en el pasado procuro su funcionamiento.

Diferentes estudios han mostrado efectos inmunomoduladores, antiinflamatorios, de protección celular, estabilización de las membranas, incluso activación de algunas células en situaciones concretas. Esto nos empuja a pensar que con la Terapia Marina se produce un equilibrio celular, potenciando sus propias capacidades en el desarrollo de sus múltiples funciones.

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