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La maniobra de Lasègue y Bragard y el nervio raquídeo

Lasegue y Bragard

Cuando nos encontremos una maniobra de Lasègue y Bragard positiva, se deberán solicitar pruebas complementarias para confirmar el compromiso/irritación del nervio raquídeo.

Debemos tener en cuenta que estas pruebas son de importancia, sobre todo, en el caso de compromisos importantes y más particularmente en los procesos agudos, ya que en los crónicos aparecen mecanismos de adaptación reduciéndose la irritación de los nervios raquídeos, pudiendo ser negativas, salvo que exista un compromiso con atrapamiento del nervio donde seguirá siendo positiva la maniobra de Lasègue y Bragard.

En la mayoría de los casos una vez que se resuelve el cuadro agudo estas maniobras se suelen negativizar, por ser los mediadores inflamatorios los más implicados en la positivación, que un compromiso real del nervio raquídeo, ya que, en estos casos se producen alteraciones de la sensibilidad sin necesidad de hacer uso de la maniobra de Lasègue y Bragard, Bonnet, Lasègue invertida.

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Descripción de la maniobra de Lasègue y Bragard

La maniobra de Lasègue es muy sencilla, con el paciente en decúbito supino levantamos la pierna extendida intentando alcanzar los 90%, la maniobra será positiva si aparece un dolor agudo y punzante, que puede recorrer todo el territorio ciático entre los ángulos de 30 a 60 grados. A continuación, procedemos a la realización de la maniobra de Bragard descendemos la pierna del paciente entre 10 a 15 grados y procedemos a la realización de una dorsiflexión del pie, si reaparece el dolor la consideraremos positiva.

Estas maniobras son de interés por su bajo coste, fácil realización, aunque son poco específicas. Pero está bien conocer de ellas para la exploración del sistema músculo esquelético y nos pueden resultar útiles a la hora de determinar si requiere de pruebas complementarias o no.

El disco intervertebral: punto clave en el compromiso de los nervios raquídeos

En la mayoría de las situaciones en las que nos encontremos un Lasègue y Bragard positivo será secundario a una alteración del disco intervertebral, el disco es un elemento clave en la movilidad articular vertebral y por su proximidad al saco dural a la médula espinal, sus alteraciones en muchas ocasiones producirán alteraciones de los nervios raquídeos.

Estos discos están compuestos por un núcleo pulposo y el anillo fibroso. El núcleo pulposo con gran contenido de agua, que puede en la juventud alcanzar el 90% de su contenido, el resto está compuesto por queratán sulfato, condroitín sulfato, ácido hialurónico y células productoras de estas sustancias de la matriz. Por otro lado, el anillo fibroso está constituido por una sucesión de anillos de forma concéntrica, dándole resistencia al disco intervertebral.

Por último, hablar de las placas terminales elementos que se interponen entre las mesetas vertebrales y el disco intervertebral.

Este cartílago es el que va a nutrir al disco gracias a los microporos, hasta tal punto, que en muchas ocasiones cuando se está mucho tiempo en posición vertical sin movimientos, el cuerpo vertebral se puede embeber del contenido acuoso del disco, favoreciendo su lesión.

El disco intervertebral como un elemento dinámico

Se debe tratar al disco intervertebral como un elemento dinámico, con vida, ya que parece según los investigadores (Belavy et al., 2017) que se encontró una asociación estadísticamente significativa entre la calidad del disco intervertebral, tanto en tamaño, hidratación e integridad y el ejercicio. Mejorando estas características en el grupo que realizaba más deporte, respecto a los que realizaban menos o eran sedentarios.

Este, junto con otros estudios refuerzan la idea del disco como un elemento vivo capaz de responder a las fuerzas a las que se le somete y también demuestra que en su interior existen células con actividad regeneradora, siendo cierto que no es equiparable a otros tejidos, ni suficiente para responder a alteraciones importantes.

Parece, además, existir un mecanismo de bomba cuyo fin es el de incrementar por medio de la difusión los microelementos necesarios para la función del disco intervertebral.

Técnicas como; las células madre, hidrotomía percutánea (con empleo de agua de mar), el ácido hialurónico, el ozono, empleo de sintéticos, pueden tener un efecto sobre la rehidratación del disco intervertebral.

Solo que todavía es pronto para hablar de regeneración de discos intervertebrales, más bien se observan regeneraciones parciales o recuperación parcial de las funciones de los discos.

No debemos desanimarnos los tratamientos van mejorando, pero lo más importante es la prevención y una buena higiene postural, ejercicio, control del peso, dieta equilibrada, para de esta forma reducir los microtraumatismos a los que sometemos a lo largo de nuestra vida, a los discos intervertebrales.

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