Terapias del mar

Fiebre y febrícula: diferencias, tipos y cómo tratarla

Tanto la fiebre como la febrícula forman parte del mecanismo defensivo de nuestro organismo.

La fiebre incrementa la eficacia de la respuesta inmune, acelerando la resolución del cuadro.

La fiebre y la febrícula indican la existencia de alteraciones en la concentración de citoquinas en plasma, que actúan sobre el hipotálamo regulando al alza la temperatura media del organismo.

Toda fiebre de origen desconocido que se prolonga en el tiempo debe ser investigada, puesto que puede ocultar procesos graves.

Termostato corporal: la fiebre y la febrícula

La fiebre y la febrícula son un mecanismo mediado por citoquinas y prostaglandinas cuyo fin es modificar el termostato corporal, subiendo la temperatura para luchar de forma más eficiente contra los procesos infecciosos y, en algunos casos, procesos inflamatorios.

Cuando aparece una elevación de la temperatura, es un indicador de afectación sistémica o de que la cantidad de mediadores que se producen en procesos locales es tan importante, que llegan a pasar al plasma y de ahí al hipotálamo, donde se encuentra el termostato corporal, dando lugar así a la aparición de la fiebre.

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¿Qué es la fiebre?

La fiebre es la medición de la temperatura corporal, a nivel de la axila o de la ingle, superior a los 38ºC, suponiendo un riesgo cuando esta temperatura supera los 40ºC por la probabilidad de la aparición de convulsiones febriles.

¿Qué es la febrícula?

La febrícula es una temperatura axilar o inguinal que se encuentra entre los 37,2 y los 37,9ºC.

Tengamos en cuenta que la temperatura corporal sigue los ritmos circadianos con una temperatura más baja a primera hora de la mañana y más alta a última hora de la tarde, pudiendo, en algunas ocasiones, variar la temperatura hasta 1ºC.

Además, en mujeres fértiles que se encuentran en la fase secretora/ovulatoria del ciclo menstrual, la temperatura corporal puede subir alrededor de 0,5ºC.

Temperatura rectal y la axilar: en qué se diferencian y cuál usar en cada caso

Existen situaciones en las que la temperatura axilar no es la forma más apropiada de medir la temperatura corporal, como puede suceder en el ámbito pediátrico, geriátrico y en personas donde la temperatura axilar es aparentemente baja, entre otras situaciones. De modo que se obtiene la temperatura corporal por medio de la medición en el recto.

En el recto (temperatura rectal) encontramos una temperatura superior a la axilar de aproximadamente 0,6ºC, debiéndose tener en cuenta a la hora de valorar la existencia de febrícula o fiebre.

Tipos de fiebre

La fiebre se puede clasificar en:

  • Fiebre de corta duración

La fiebre de corta duración es aquella cuya duración es inferior a una semana, siendo la causa más frecuente los procesos agudos infecciosos de origen viral autolimitados. Este tipo de fiebre es el más frecuente.

  • Fiebre prolongada

 La fiebre prolongada se mantiene al menos de 2 a 3 semanas, a través de la medición de la temperatura diaria, siendo recomendado hacer la toma siempre en el mismo momento del día para evitar las variaciones.

La causa principal de fiebre prolongada sigue siendo la infecciosa, pero en este tipo de fiebres se deben descartar las neoplasias, las vasculitis, colagenosis, entre otra.

  • Fiebre de origen desconocido

La fiebre de origen desconocido es aquella en la que mantiene una temperatura superior a 38,3ºC tras una o varias tomas de temperatura por un tiempo mayor a las 3 semanas, sin un diagnóstico etiológico tras una semana de hospitalización o tres visitas extrahospitalarias.

En las situaciones en las que nos encontremos con un paciente con fiebre de origen desconocido debemos descartar el consumo de fármacos, ya que algunos pueden afectar al termostato corporal subiendo la temperatura. Entre estos fármacos tenemos: antihistamínicos, barbitúricos, antibióticos…

¿Cómo se trata la fiebre?

Existen diferentes procedimientos para el tratamiento de la fiebre, entre ellos contamos con:

  • Cuando la fiebre no es muy elevada puede no tratarse, ya que se sabe que la fiebre mejora la respuesta inmune, pudiendo tratar la fiebre si esta es muy elevada, sobre todo cuando supera los 39,5ºC.
  • Aporte adecuado de líquidos, sobre todo en niños que se deshidratan con gran facilidad.
  • Empleo de fármacos antipiréticos o antiinflamatorios como: aspirina, paracetamol… 
  • Tratamiento antibiótico, si la fiebre es causada por un proceso infeccioso bacteriano.

¿A partir de cuánta fiebre es peligrosa?

Hay que prestar especial atención, en general, cuando hay una temperatura de 39-40. Existen ciertas circunstancias en la que se debe tener cuidado con el cuadro febril, ya que puede obligarnos a derivar al paciente. Los aspectos de gravedad a tener en cuenta son:

  • Disnea intensa.
  • Shock o hipotensión.
  • Peritonitis.
  • Signos meníngeos.
  • Convulsiones.
  • Trastornos hidroelectrolíticos.
  • Otras situaciones que aparentan gravedad…

La fiebre, siendo un proceso fisiológico que asiste al sistema inmune en su función, debe ser controlada en ciertas situaciones para evitar que valores muy altos de temperatura conduzcan a cuadros que pueden resultar muy graves para el paciente. 

Además, es muy importante y se debe estudiar cuál es la causa de la fiebre y no solo tratarla.

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