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Fiebre neutropénica: una bajada de defensas

Fiebre neutropenica

La fiebre neutropénica puede derivar de múltiples causas, aunque en la actualidad se la conozca más por el efecto de la quimioterapia en la supresión medular, dando como resultado una disminución significativa de los leucocitos, particularmente los neutrófilos en la asociación con la fiebre.

Para determinar la neutropenia febril, es necesario que se tenga una temperatura de 38,3ºC en una sola toma o 38ºC en distintas tomas durante al menos una hora, con un recuento de leuco inferior a 500/mm3 o inferior a 1000/mm3 en descenso.

La etiología puede ser múltiple, siendo la causa más común la que aparece en los pacientes con cáncer, de origen hematológico o tumores sólidos, siendo estos el 90% de los casos de fiebre neutropénica. Tenemos que tener en cuenta que existen otras etiologías de neutropenia febril que requieren de su correcta evaluación diagnóstica y tratamiento adecuado.

Nos podemos encontrar con neutropenias congénitas, adquiridas de origen autoinmune o por déficit nutricional, infecciosas (por causas bacterianas, virales o parasitarias), en respuesta a medicamentos y neonatales. Como he dicho aun siendo un pequeño porcentaje han de ser intuidas por el profesional, y si encuentra a un paciente con infecciones recurrentes o sobreinfecciones en el tratamiento de una infección, con elevación de la fiebre persistente, debemos pensar en este supuesto, prestando atención particular a la población pediátrica.

Fiebre neutropénica como indicador de infección

Debemos tener en cuenta que en el 60% de los pacientes neutropénicos en los que aparece el síndrome febril neutropénico y hasta en el 20% de los pacientes que tienen un recuento de neutrófilos inferior a 500/mm3 presentan bacteriemia.

Talcott diseñó unos modelos predictivos cuya intención es la clasificación de la morbi-mortalidad, por medio de la división de los afectados en dos grandes grupos; los de bajo riesgo y los de alto riesgo, ya que en este último grupo se presentan complicaciones en más del 30% de los afectados por la fiebre neutropénica.

Debido al incremento de los pacientes oncológicos, existen una serie de pautas a seguir en el caso de que cualquier paciente de cáncer, que tras ser sometido al tratamiento convencional y desarrolle un síndrome febril neutropénico.

El tratamiento de la fiebre neutropénica es empírico

Como se ha comentado en la mayoría de los casos en los que nos encontramos una neutropenia febril, quedan sin explicación etiológica, aun cuando se hace una investigación exhaustiva, padeciendo más del 50% una infección oculta.

Por lo que está bien tasado y pautado el tratamiento empírico si no se diagnostica la causa de la fiebre. En más del 80% la causa procede de la flora endógena, que suele modificarse tras la admisión del paciente en el hospital y aplicación del tratamiento.

Pero tenemos que tener en cuenta, que el principal factor de riesgo es la duración de la neutropenia, por lo que debemos mantener al sistema inmune en su conjunto, en niveles óptimos para que de esta forma no se den las susceptibilidades derivada de la inmunosupresión. Siendo una de las causas de los descansos en la quimioterapia, los efectos hematológicos como la neutropenia.

Como estimular las defensas para luchar contra la neutropenia

Además de los efectos directos de la medicación antineoplásica sobre la supresión medular, debemos pensar que también es una patología de consumo, ya hablamos de la caquexia tumoral, como un proceso mixto en la que se producía una desnutrición afectando directamente a las funciones orgánicas y entre ellas a la función medular y la hematopoyesis.

Por esto se ha de considerar seriamente la nutrición celular adecuada, sobre todo en procesos tan exigentes como los de naturaleza neoplásica.

Con la Terapia Marina ofrecemos un equilibrio hidromineral de elevada biodisponibilidad, favoreciendo el correcto funcionamiento celular al aportar los elementos básicos para su equilibrio electroquímico.

En el estudio del doctor Sempere, se observa el efecto del empleo de la Terapia Marina se comporta como un medio de cultivo convencional en cuanto a agregación, proliferación y/o activación celular se refiere. Es más, parece capaz por sí misma, de ejercer algún tipo de activación celular cuando está suplementada.

Por otro lado, en lo que se refiere a la nutrición, en múltiples reportes desde los dispensarios de agua marina se evidenció la capacidad del empleo de la Terapia Marina en la ganancia de peso, con la disminución de los procesos infecciosos.

De todo esto podemos decir, que la suplementación con Terapia Marina junto con correctas conductas orientadas a la nutrición celular, mediante el empleo de nutracéuticos favorecerá el correcto funcionamiento celular. Para intentar mantener en buen estado a nuestro sistema inmune.

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