¿Sabías que hasta el 25 % de las urgencias pediátricas se motivan por fiebre en los niños? Este síntoma tan frecuente despierta preocupación en profesionales y familias. En España y Europa, aunque los casos graves son pocos, la fiebre sigue siendo un desafío por su diversidad de causas y su evolución variable [1,2].
Además, estudios recientes en pediatría muestran que entre el 50 % y el 60 % de los casos de fiebre de origen indeterminado en niños se deben a infecciones [3]. En este artículo abordaremos las causas de fiebre en niños, cuándo encender las señales de alarma y estrategias de apoyo al sistema inmunológico con opciones como el agua de mar isotónica.
¿Qué puede provocar la fiebre en los niños?
La fiebre en niños puede ser causada por múltiples factores, siendo las infecciones virales y bacterianas las más comunes. Otras causas incluyen reacciones a vacunas, enfermedades inflamatorias, y en raras ocasiones, condiciones más graves como la meningitis.
Infecciones
- Virales: Resfriados, gripe, gastroenteritis viral y otras infecciones respiratorias son causas frecuentes de fiebre en niños.
- Bacterianas: Infecciones del oído, garganta, senos paranasales, neumonía e infecciones urinarias pueden provocar fiebre.
- Otras infecciones: Celulitis, meningitis u otras menos comunes también pueden ser responsables.
Otras causas
- Vacunación: Algunos niños desarrollan fiebre leve tras recibir vacunas.
- Enfermedades inflamatorias: Ciertas enfermedades autoinmunes o inflamatorias pueden manifestarse con fiebre.
- Agotamiento por calor: La exposición prolongada al calor o exceso de abrigo puede elevar la temperatura corporal.
- Dentición: Puede elevar ligeramente la temperatura, aunque rara vez causa fiebre alta.
Importante: La fiebre es una señal de que el cuerpo está luchando contra alguna agresión. En la mayoría de los casos virales es leve y autolimitada. No obstante, si la fiebre es alta, persistente o aparece con otros síntomas, conviene consultar con un profesional.
Importancia de la hidratación en estados febriles y rol del agua de mar isotónica
En estados febriles, una adecuada hidratación es clave: tanto líquidos como minerales son esenciales para mantener la función inmune y la expresión leucocitaria. El agua de mar isotónica –Plasma de Quinton (como ‘suero’ natural), aporta minerales que pueden apoyar el equilibrio electrolítico y celular.
Además, el estudio del Dr. Sempere de la Universidad de Alicante, reveló que el agua de mar Quinton activa el sistema inmunológico y ejerce un efecto protector reforzando el organismo, gracias a su efecto inmunomodulador.
¿Cuándo hay que preocuparse por la fiebre de un niño?
Según las guías clínicas más recientes, se debe atender con rapidez cuando:
- Hay fiebre en lactantes menores de 3 meses (≥ 39 °C), letargo, dificultad para respirar, petequias, llanto inconsolable, rigidez de cuello o confusión.
- Entre los 3 meses y 3 años, ante fiebre ≥ 39 °C sin síntomas respiratorios y persistente por más de 1-2 días.
- En niños mayores de 3 años, si la fiebre dura más de 5 días o empeora el estado general.
¿Qué pasa si un niño tiene fiebre sin otro síntoma?
La fiebre sin foco (FSF) es común: hasta un 20 % de los niños con fiebre atendidos en consulta no presentan causa visible. En muchos casos, se resuelve sola [1,2].
En recién nacidos, la probabilidad de infección grave sin otros síntomas sigue siendo significativa (6-10 % entre 2-3 meses; 2-3 % más arriba), aunque disminuye con la edad [3]. En tales casos, es esencial valorar el estado general del niño mediante herramientas clínicas estructuradas.
¿Cómo bajar la fiebre en niños?
El primer paso ante un cuadro de fiebre en niños es identificar su causa mediante una buena anamnesis y una exploración física minuciosa. Tratar la fiebre sin saber el origen puede enmascarar signos importantes y retrasar el diagnóstico.
En la mayoría de los casos, lo recomendable es dejar que la fiebre siga su curso, ya que forma parte de la respuesta defensiva del organismo y ayuda a frenar la multiplicación de microorganismos. Un seguimiento regular de la temperatura permite decidir con criterio cuándo intervenir.
Generalmente, se considera iniciar tratamiento con antipiréticos cuando la fiebre supera los 39 °C o provoca un malestar importante.
Uso adecuado de antipiréticos
En la práctica clínica, el uso de antitérmicos es frecuente, pero muchas veces se administra de forma innecesaria ante febrículas leves (37,2 °C-38,5 °C). En ese rango, la fiebre puede ser beneficiosa para potenciar la respuesta inmunitaria y no representa un riesgo en un niño sano.
Existen excepciones, como en casos de hiperpirexia (> 41 °C) por endotoxinas bacterianas o respuestas autoinflamatorias, donde la intervención farmacológica es prioritaria.
Medidas de apoyo no farmacológicas para cuadros febriles
Además de los fármacos, hay estrategias útiles para aliviar el malestar y favorecer la recuperación:
- Hidratación abundante: Es esencial para compensar la pérdida de líquidos y facilitar la termorregulación. Además de agua mineral, puede complementarse con soluciones que aporten minerales, como el agua de mar isotónica [Plasma de Quinton], que contribuye a mantener el equilibrio electrolítico. Se recomienda la toma de 2 ampollas bebibles de Plasma de Quinton al día (1-0-1).
- Abrigo moderado: Evitar cubrir en exceso al niño, ya que puede elevar la temperatura corporal.
- Frutas y alimentos ligeros: Las frutas aportan agua, vitaminas y antioxidantes; una dieta suave facilita la digestión en un organismo con fiebre.
- Paños de agua fría: Aplicados en frente, nuca o axilas ayudan a reducir la temperatura y alivian cefaleas.
- Baños de agua templada: Indicados en fiebre elevada que no responde a medicación. Los baños fríos o con hielo solo deben aplicarse bajo supervisión médica.
Cuándo actuar de inmediato
Si la fiebre supera los 38,5 °C-39 °C o se acompaña de síntomas preocupantes (convulsiones, dificultad para respirar, somnolencia extrema, rigidez de cuello, erupciones), se debe acudir al médico sin demora.
En algunos casos, sobre todo en lactantes pequeños o fiebre de difícil control, puede requerir ingreso hospitalario para seguimiento y tratamiento.
¿Cuáles son los 4 tipos de fiebre?
- Fiebre continua: Temperatura elevada mantenida sin grandes oscilaciones.
- Fiebre intermitente: Fluctuaciones con intervalos de temperatura normal.
- Fiebre ondulante: Variaciones con ondas ascendentes y descendentes.
- Fiebre recurrente: Episodios febriles separados por intervalos de normalidad.
Fiebre eficaz: Cuidar con criterio
La fiebre en los niños es un signo valioso, indicador de que el organismo está reaccionando. La mayoría de los casos responden a infecciones comunes y se resuelven espontáneamente. No obstante, es fundamental diferenciar cuándo es una señal que exige atención médica inmediata: lactantes muy pequeños, fiebre elevada o persistente, signos de alarma o deterioro del estado general.
Como elemento complementario, garantizar una hidratación adecuada —incluyendo minerales— y considerar opciones como el agua de mar isotónica con su efecto inmunomodulador, puede aportar un apoyo útil al sistema inmunológico de forma respetuosa y natural.
1- José Sanz F, Tomás Ramos J, José Pelayo F. Síndrome febril sin foco en pediatría. An Pediatr Contin [Internet]. 2009;7(4):196–204. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/s1696-2818(09)71925-0
2- Miras Aguilar I, Sevilla Ramos P, Arriola Pereda G, Ortigado Matamala A. Fiebre en el paciente pediátrico. La importancia de la exploración física repetida. Rev clín med fam [Internet]. 2020 [citado el 14 de agosto de 2025];13(2):153–6. Disponible en: https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1699-695X2020000200010&script=sci_arttext
3- Calle IR, Dacosta AI, Hernández EC. Síndrome febril prolongado y fiebre de origen desconocido [Internet]. Aeped.es. [citado el 14 de agosto de 2025]. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/21_sd_febril.pdf

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