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Escala de EVA: ¿Qué es y cómo se emplea?

escala de eva

La escala de EVA se emplea para la valoración del dolor de forma analógica, es decir, por medio de una línea de 10 centímetros que luego será medida para darle un valor numérico a la percepción que tiene el paciente de su dolor. Por eso su acrónimo EVA (Escala Visual Analógica).

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¿Cómo se emplea a escala de EVA?

La verdad es que es muy sencilla de utilizar, con la escala EVA se dará una valoración del 0 al 10 al dolor, siendo el 0 ausencia de dolor y el 10 un dolor insoportable.

Es una escala horizontal, representada por una línea, en la que paciente debe marcar el lugar que considera que se encuentra su dolor, donde encontraremos la ausencia de dolor a dolor leve a la izquierda y el máximo dolor a la derecha de la línea.

Posteriormente una vez se marque en la línea horizontal el nivel de dolor, se procede a la medición con una regla milimetrada.

Los resultados se evaluarán teniendo en cuenta tres niveles de dolor:

Los valores inferiores a 4 indican que el dolor es leve o leve-moderado, en el caso que nos encontremos con una medición entre 4 y 6 centímetros, el dolor se considerará de moderado a moderado-grave, y si los valores son mayores de 6 hablamos ya de un dolor que pasa de grave a insoportable.

¿Por qué el empleo de la escala EVA u otras escalas del dolor?

Las escalas de dolor, como la escala EVA, se emplean debido a que no existe en la actualidad ningún tipo de procedimiento objetivo que indique el tipo de dolor y la intensidad de este, debido a que este tiene un gran componente psico-emocional y neuro-hormonal, dando lugar a un variabilidad en la intervención de los diferentes factores que podrían medirse.

La verdad, que este tipo de escalas es más útil para la valoración y seguimiento del propio paciente, más que para buscar la posible estandarización poblacional.

Y ¿Porqué el empleo de las escalas? muy sencillo; es necesaria por ejemplo para valorar el control del dolor en el empleo de la analgesia y sedación del paciente.

De forma que se puedan escalonar las pautas de tratamiento, con respecto a unos niveles de dolor y también valorar la respuesta del paciente al tratamiento.

¿Por qué debemos controlar el dolor?

El sentir dolor es una percepción subjetiva en la que uno puede creer que solo está en la mente y por lo que no se le debe hacer caso. Donde su peso específico en el papel de la enfermedad y su tratamiento es bajo. Pero tenemos que tener en cuenta que puede empujar al paciente a no seguir con el tratamiento, por no querer seguir luchando al no soportar el dolor, sobre todo cuando este se prolonga en el tiempo y es de elevadas intensidad, siendo esa una causa de la necesidad de control del dolor, pero no es la única.

Aunque la respuesta psicológica es la más visible, ni mucho menos es su única complicación. Debemos prestarle atención puesto que el dolor además producirá alteraciones hemodinámicas, metabólicas y neuro-endocrina llegando a incrementar la morbi/mortalidad de la enfermedad de forma independiente al resto de factores.

El dolor al conducir a un estado de ansiedad, se incrementarán las secreciones adrenérgicas y este estado hiperadrenérgico, conduciendo a un desequilibrio del medio interno, puede desembocar en; una isquemia miocárdica, constipación intestinal por descenso del tono vagal, fenómenos caquécticos acelerando el autoconsumo…

Tengamos en cuenta que el dolor es un poderoso estresor, por lo tanto, producirá a largo plazo los mismos efectos que el estrés y en muchas ocasiones si el dolor es insoportable llevará a pensamientos suicidas.

Es por esto, que se debe controlar el dolor, para primero mejorar la calidad de vida y además para minimizar los cambios neuro-psico-endocrinos que se van a producir en el paciente.

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