El eje microbioma-intestino-cerebro ha demostrando las importantes interacciones que existen entre el microbioma intestinal y el cerebro, así como su influencia en el desarrollo de patologías autoinmunes, trastornos del sistema digestivo, aspectos comportamentales y emocionales, el estado de la piel y la salud mental, entre otros.
La comprensión holística de la persona y su interacción dinámica con el ambiente demuestra que la salud requiere un enfoque completo y multidimensional.
“Mens sana in corpore sano” es una frase que se fundamenta perfectamente con el concepto del eje intestino-cerebro [1] dada la comunicación bidireccional de sus dos protagonistas, su perspectiva integrativa en la que la salud mental y física son inseparables, su equilibrio sistémico e impacto mutuo.
“El hombre se puede envenenar tanto por lo que entra por su boca como por lo que sale de ella”, es otra cita que muestra la íntima relación entre pensamiento, conducta y estado de salud física.
La dieta, el ejercicio físico, la reducción del estrés y el sueño son factores epigenéticos fundamentales para un correcto equilibrio de nuestro microbioma intestinal y por tanto, del bienestar integral de nuestro organismo.
¿Qué es el eje intestino-cerebro?
El eje intestino-cerebro es una compleja red bidireccional de comunicación entre el sistema nervioso central (SNC) y el sistema nervioso entérico (SNE), que funciona a través de vías neuronales, endocrinas e inmunológicas, y cuyo equilibrio interviene en la homeostasis orgánica.
Esta comunicación se establece principalmente mediante el nervio vago, el sistema nervioso entérico, el eje hipotalámico-pituitario-adrenal y el sistema inmunológico. Es importante destacar que el sistema nervioso entérico contiene aproximadamente 100 millones de neuronas y tiene la capacidad de funcionar de manera autónoma, controlando funciones como la motilidad intestinal, la secreción y la absorción.
Este eje comunica de forma bidireccional el intestino y el cerebro con el empleo de un lenguaje neuro-humoral, de modo que las alteraciones emocionales afectan a la composición de nuestra flora intestinal, así como cambios en nuestra flora pueden conducir a la aparición de diferentes manifestaciones psiquiátricas [2].
Se ha evidenciado un correlato entre alteraciones como la encefalopatía hepática, la ansiedad, el autismo o el colon irritable y las alteraciones de la microbiota [3].
¿Cómo están conectados el cerebro y el intestino?
El intestino y el cerebro están conectados física y bioquímicamente de diversas maneras. Incluso pueden influirse mutuamente en términos de salud. Estudios recientes demuestran que el cerebro afecta a la salud intestinal y que el intestino puede incluso afectar a la salud cerebral.
A continuación, nombraremos algunos de los mecanismos más importantes de comunicación del eje intestino-cerebro
Nervio vago y sistema nervioso
Las neuronas son células del cerebro y del sistema nervioso central que indican al cuerpo cómo debe comportarse.
En el cerebro humano hay aproximadamente 100.000 millones de neuronas y el intestino contiene 500 millones de neuronas, que están conectadas al cerebro a través de los nervios del sistema nervioso.
El nervio vago es uno de los mayores nervios que conectan el intestino y el cerebro enviando señales en ambas direcciones.
Un estudio realizado en humanos descubrió que las personas con síndrome del intestino irritable (SII) o enfermedad de Crohn tenían un tono vagal reducido, que indica una función reducida del nervio vago.
Se han realizado estudios con animales que prueban que el estrés inhibe las señales enviadas a través del nervio vago, además de causar problemas gastrointestinales. Otro estudio realizado en ratones comprobó que la administración de probiótico Lactobacillus rhamnosus favorece la transcripción del ácido γ-aminobutírico (GABA), que a su vez conduce a modificaciones del comportamiento. Sin embargo, al cortarles el nervio vago, el probiótico dejaba de tener efecto [4].
Esto sugiere que el nervio vago es importante en el eje intestino-cerebro y su papel en el estrés.
Neurotransmisores
El cerebro y el intestino mantienen una comunicación bidireccional mediante neurotransmisores que regulan emociones y sentimientos. Los principales neurotransmisores involucrados son la dopamina, relacionada con la sensación de placer, y la serotonina, que influye en la felicidad y el ritmo circadiano.
Un aspecto fascinante es que estos neurotransmisores no solo se producen en el cerebro, sino también en el intestino. De hecho, una parte significativa de la serotonina corporal se genera en el tracto gastrointestinal, tanto por células intestinales como por la microbiota que lo habita. Los microbios intestinales también producen GABA (ácido gamma-aminobutírico), un neurotransmisor clave en la regulación de la ansiedad y el miedo.
La investigación ha revelado mecanismos específicos de esta interacción. Por ejemplo, estudios con probióticos como Lactobacillus rhamnosus (JB-1) han demostrado su capacidad para aumentar la producción de GABA y reducir comportamientos asociados con ansiedad y depresión.
El metabolismo intestinal microbiano juega un papel crucial en la regulación del triptófano, el precursor de la serotonina. Este proceso facilita el aumento de triptófano en plasma, permitiendo al sistema nervioso central sintetizar serotonina. Efectos similares se han observado con la dopamina y el GABA. Aunque la mayoría de estos efectos son indirectos, el descubrimiento de transportadores de GABA en la barrera hematoencefálica sugiere la posibilidad de efectos directos en la comunicación intestino-cerebro [5].
Sistema inmune
Otro de los participantes en este control del eje intestino cerebro es el sistema inmune. Los mecanismos de comunicación empleados por el sistema inmune se realizan a través de moléculas que intervienen en la inflamación y actúan sobre el sistema mientérico. Además, estas moléculas (citoquinas) son capaces de atravesar la BHE afectando directamente al SNC, pudiendo estimular la neurogenia en el cerebro [6].
Por otro lado, los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el ácido propiónico, ácido acético y butírico, son considerados en la actualidad metabolitos neuro-activos. Son capaces de modular las funciones del SNC, el comportamiento, el desarrollo cerebral y modificaciones de la conducta [7].
Todos estos efectos producidos por la estrecha interrelación entre la microbiota, intestino y cerebro son los que motivan y fundamentan el papel que desempeña la microbiota intestinal en la permeabilidad intestinal, el desarrollo neurológico y neurodegenerativo del SNC.
Los microbios intestinales fabrican sustancias químicas que afectan al cerebro
Los microbios intestinales también producen otras sustancias químicas que afectan al funcionamiento del cerebro, como los ácidos grasos de cadena corta (butirato, propionato y acetato). Los AGCC se producen al digerir la fibra y afectan a la función cerebral de diversas maneras, por ejemplo reduciendo el apetito.
Un estudio demostró que el consumo de propionato puede reducir la ingesta de alimentos y la actividad cerebral relacionada con la recompensa de los alimentos muy energéticos.
Por su parte, el butirato, y los microbios que lo producen también son importantes para formar la barrera hematoencefálica.
Los microbios intestinales también metabolizan los ácidos biliares y los aminoácidos para producir otras sustancias químicas que afectan al cerebro.
Los ácidos biliares son sustancias químicas producidas por el hígado que normalmente intervienen en la absorción de las grasas alimentarias. Sin embargo, también pueden afectar al cerebro.
Estudios en ratones descubrieron que el estrés y los trastornos sociales reducen la producción de ácidos biliares por parte de las bacterias intestinales y alteran los genes implicados en su producción.

¿Cómo afecta el eje intestino-cerebro a la salud mental?
Diferentes estudios han evidenciado cómo el equilibrio de nuestra flora intestinal “eubiosis” interviene en la salud mental.
El intestino y los microbios intestinales desempeñan un papel importante en el sistema inmunitario y la inflamación, ya que controlan lo que entra en el organismo y lo que se excreta. Si el sistema inmunitario está activado durante demasiado tiempo, puede provocar inflamación, que se asocia a diversos trastornos cerebrales como la depresión y la enfermedad de Alzheimer.
El lipopolisacárido (LPS) es una toxina inflamatoria producida por ciertas bacterias que puede causar inflamación si una cantidad excesiva pasa del intestino a la sangre. Esto puede ocurrir cuando la barrera intestinal se vuelve permeable, lo que permite que las bacterias y el LPS pasen a la sangre. La inflamación y una elevada concentración de LPS en la sangre se han asociado a diversos trastornos cerebrales, como la depresión grave, la demencia y la esquizofrenia.
Valles-Colomer Mireia, et al han podido identificar el potencial de síntesis del microbioma para metabolitos como el ácido 3,4-dihidroxifenilacético (dopamina), que además se correlacionan positivamente con la salud mental y la producción de GABA en la depresión. Estos investigadores encontraron una relación entre la depresión y la reducción de dos grupos de bacterias (Coprococcus y Dialister) a través de la secuenciación del DNA del microbioma intestinal fecal.
El intestino y el cerebro están conectados físicamente a través de millones de nervios, entre los que destaca el nervio vago. El intestino y sus microbios también controlan la inflamación y producen muchos compuestos diferentes que pueden afectar a la salud cerebral.
¿Qué significa emocionalmente la inflamación intestinal?
La inflamación intestinal puede tener una conexión significativa con nuestras emociones y bienestar psicológico. Esta relación se manifiesta de varias maneras:
- Como se describe en párrafos anteriores, el intestino es considerado nuestro “segundo cerebro” debido a su sistema nervioso entérico, que se comunica directamente con nuestro cerebro a través del eje intestino-cerebro.
- El estrés y la ansiedad pueden manifestarse como inflamación intestinal, y a su vez, la inflamación intestinal puede aumentar los sentimientos de ansiedad y depresión.
- Las personas con inflamación intestinal crónica pueden experimentar:
- Sentimientos de frustración y desesperanza.
- Aislamiento social debido a los síntomas.
- Ansiedad relacionada con la alimentación.
- Cambios en el estado de ánimo debido a la alteración en la producción de neurotransmisores.
Es importante reconocer esta conexión bidireccional entre nuestras emociones y la salud intestinal, ya que abordar uno de estos aspectos puede ayudar a mejorar el otro.
Probióticos, prebióticos y su relación con el eje intestino-cerebro
Las bacterias intestinales afectan a la salud cerebral, por lo que cambiar las bacterias intestinales puede mejorar la salud mental.
Los probióticos son bacterias vivas que aportan beneficios para la salud si se ingieren. Sin embargo, no todos los probióticos son iguales. Los probióticos que tienen una influencia sobre el cerebro suelen denominarse “psicobióticos”.
Se ha demostrado que algunos probióticos mejoran los síntomas del estrés, la ansiedad y la depresión. Por medio del empleo de probióticos (incluyendo Lactobacillus y Bifidobacterium) los investigadores Abildgaard et al. obtuvieron niveles reducidos en el hipocampo de transcritos de los receptores CRF, además de una marcada reducción en el comportamiento depresivo de las ratas de experimentación.
Un estudio de personas con síndrome del intestino irritable y ansiedad o depresión de leve a moderada descubrió que tomar un probiótico llamado Bifidobacterium longum NCC3001 durante seis semanas mejoraba significativamente los síntomas.
Los prebióticos son fibras fermentadas por las bacterias intestinales y también pueden afectar a la salud cerebral. Un estudio descubrió que tomar galactooligosacáridos durante tres semanas reduce significativamente la cantidad de cortisol en el cuerpo.
¿Qué alteraciones comprometen al eje intestino-cerebro?
Varias alteraciones pueden afectar al eje intestino-cerebro, incluyendo:
| Alteraciones psicológicas | Alteraciones intestinales | Alteraciones del sistema nervioso |
| Estrés crónicoAnsiedadDepresión | Disbiosis (desequilibrio de la microbiota)Síndrome del intestino irritableEnfermedad inflamatoria intestinalPermeabilidad intestinal aumentada | Disfunción del nervio vagoAlteraciones en la producción de neurotransmisoresInflamación del sistema nervioso entérico |
Estas alteraciones pueden crear un ciclo de retroalimentación negativa, donde los problemas en un sistema afectan al otro y viceversa.
¿Cómo mejorar el eje intestino cerebro?
Podemos implementar diversas estrategias efectivas para mejorar la conexión entre el intestino y el cerebro y, dada su influencia, la salud general del individuo:
- Dieta
- Evitar alimentos procesados.
- Disminuir el consumo de gluten puede tener un efecto positivo para las bacterias intestinales beneficiosas.
- Consumir grasas saludables: Son imprescindibles para el correcto desarrollo del cerebro e incluyen una importante cantidad de antioxidantes que protegen las células.
- Tomar probióticos (alimentos ricos en probióticos como el kéfir, chucrut, té kombucha… y suplementos probióticos de calidad como Probiotic Digest Health que además incluye todos los beneficios del agua de mar). Los prebióticos como fibras, vegetales y legumbres también son recomendables.
- Agua de mar: Gracias a su contenido en cloruro, ayuda al proceso digestivo y además aporta 78 elementos naturales entre minerales y oligoelementos. El agua de mar es un complemento 100% natural capaz de regular la homeostasis del organismo devolviéndole el equilibrio necesario para alcanzar el bienestar.
- Incluir frutos secos y semillas de sésamo en la dieta: contienen tirosina, un aminoácido que potencia los niveles de dopamina en el cerebro.
- Mantener una dieta equilibrada y variada, basada principalmente en verduras y hortalizas, frutas, cereales integrales, pescado, carne y huevos de calidad, semillas y frutos secos y grasas saludables como el aguacate y el aceite de oliva.
- Establecer un horario regular de comidas y no comer entre horas. Se recomienda realizar 2-3 ingestas al día y dejar una ventana de ayuno de al menos 12 horas.
- Manejo del estrés: Existen diversas opciones para reducir el estrés como practicar meditación o mindfulness, realizar ejercicios de respiración o practicar yoga.
- Sueño y descanso: Dormir al menos 7 horas al día e intentar hacerlo siempre a la misma hora.
- Ejercicio físico regular: Practicar ejercicio físico durante al menos 30 minutos al día.
- Actividades al aire libre: Pasar tiempo en la naturaleza y la exposición a la luz natural ayudan a regular el ritmo circadiano, que influye directamente en la producción de neurotransmisores y la función intestinal. Además, reduce el cortisol y aumenta la producción de serotonina.
- Carabotti, M., Scirocco, A., Maselli, M. A., & Severi, C. (2015). The gut-brain axis: interactions between enteric microbiota, central and enteric nervous systems. Annals of gastroenterology, 28(2), 203–209.
1 comentario
17/02/2021 22:12
Hola buenos días, excepcional el artículo, consumo a diario dos ampollas de agua , pero mi pregunta es como actua el agua de mar la conexión cerebro -intestino? Que beneficios tiene? Muchas graciassss

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