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El eje intestino-cerebro [cómo funciona + cómo mejorarlo] INCLUYE INFOGRAFÍA

El eje intestino-cerebro parece encontrarse íntimamente ligado a las enfermedades psiquiátricas, autoinmunes, entre otras, formando parte de sus mecanismos reguladores.

Es interesante observar, según las evidencias, que la comunicación es bidireccional, de forma que existe un estrecho sistema de retroalimentación entre el cerebro y el intestino y viceversa.

Como protagonistas implicados en el eje intestino-cerebro tenemos tanto al sistema nervioso como al endocrino e inmunológico, destacándose el papel del microbioma intestinal en la regulación del eje [1].

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¿Qué es el eje intestino-cerebro? 

El eje intestino cerebro se entiende como un sistema de retroalimentación bidireccional cuyo equilibrio interviene en la homeostasis orgánica.

El eje intestino-cerebro está compuesto por:

  • Sistema nervioso central.
  • Sistema nervioso entérico.
  • Sistema nervioso autónomo.
  • Sistema neuroendocrino.
  • Sistema inmune.

Este eje comunica de forma bidireccional el intestino y el cerebro, con el empleo de un lenguaje neuro-humoral, de modo que las alteraciones emocionales afectan a la composición de nuestra flora intestinal, así como cambios en nuestra flora pueden conducir a la aparición de diferentes manifestaciones psiquiátricas [2].

Se ha evidenciado un correlato entre alteraciones como la encefalopatía hepática, la ansiedad, el autismo o el colon irritable y las alteraciones de la microbiota [3].

A continuación, nombraremos algunos de los mecanismos más importantes de comunicación del eje intestino-cerebro:

Nervio vago

El nervio vago es uno de los principales interventores en la regulación del eje, ya que se ha puesto de manifiesto que tras vagotomizar a ratones de experimentación se anula parte de la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Este efecto del nervio vago sobre el comportamiento se plantea tras observar que cuando se administra a los ratones Lactobacillus rhamnosus se favorece la transcripción del ácido γ-aminobutírico (GABA), que a su vez conduce a modificaciones del comportamiento, pero esto desaparece cuando se pierde la integridad del nervio vago [4].

Neurohormonas intestinales

Las neurohormonas intestinales (dopamina, serotonina…) también juegan su papel en la relación entre el comportamiento y la microbiota intestinal. Se puede mencionar cómo el triptófano, precursor de la síntesis de serotonina, está en parte regulado por el metabolismo intestinal microbiano, de forma que favorece el incremento de su concentración plasmática facilitando al SNC este precursor para la síntesis de serotonina.

Esto también se ha demostrado con otras neurohormonas como la dopamina y el GABA. Aunque se considera que los efectos son indirectos, se han encontrado transportadores GABA en la barrera hematoencefálica (BHE), pudiendo indicar un efecto directo [5].

Sistema inmune

Otro de los participantes en este control del eje intestino cerebro es el sistema inmune. Los mecanismos de comunicación empleados por el sistema inmune se realizan por medio de moléculas que intervienen en la inflamación y actúan sobre el sistema mientérico. Además, estas moléculas (citoquinas) son capaces de atravesar la BHE teniendo efecto directo sobre el SNC, pudiendo estimular la neurogenia en el cerebro [6].

Por otro lado, los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el ácido propiónico, ácido acético y butírico, son considerados en la actualidad metabolitos neuro-activos. Estos son capaces de modular las funciones del SNC, el comportamiento, así como el desarrollo cerebral y modificaciones de la conducta (como se ha evidenciado en estudios con ratones) [7].

Todos estos efectos producidos por la estrecha interrelación entre microbiota-intestino-cerebro son los que motivan y fundamentan el papel que desempeña la microbiota intestinal en la permeabilidad intestinal, el desarrollo neurológico y neurodegenerativo del SNC.

eje intestino cerebro esquema

El impacto de la conexión intestino-cerebro en la depresión 

Diferentes estudios han puesto sobre la mesa cómo el equilibrio de nuestra flora intestinaleubiosis” interviene en la salud mental.

Valles-Colomer Mireia, et al han podido identificar el potencial de síntesis del microbioma para metabolitos como la dopamina, el ácido 3,4-dihidroxifenilacético, que además se correlacionan positivamente con la calidad de vida mental y la producción de GABA en la depresión.

En concreto, estos investigadores encontraron una relación entre la depresión y la reducción de dos grupos de bacterias (Coprococcus y Dialister) por medio de la secuenciación del DNA del microbioma intestinal fecal.

Por medio del empleo de varias cepas de Lactobacillus (incluyendo Lactobacillus y Bifidobacterium) los investigadores Abildgaard et al. obtuvieron niveles reducidos en el hipocampo de transcritos de los receptores CRF, además de una marcada reducción en el comportamiento depresivo de las ratas de experimentación.

En muchos otros estudios se ha demostrado los efectos de regulación interdependiente del eje microbioma-intestino-cerebro, la complejidad y el número de actores que se presentan son tan extensos, que su comprensión no ha hecho más que empezar y se requiere de un análisis y jerarquización en la importancia de los diferentes mecanismos de regulación de este eje.

6 claves (naturales) para mejorar el eje intestino cerebro 

Podemos decir que los psicobióticos pueden modificar el comportamiento y la salud mental por medio de la regulación, control y equilibrio del microbioma intestinal.

Como ejemplo tenemos la dieta mediterránea, en ella encontramos niveles más elevados de AGCC respecto a las dietas modernas. Estos AGCC actúan como prebióticos, importantísimos para una correcta función intestinal.

eje intestino cerebro infografia

Estas son las 6 claves para un correcto equilibrio de la función intestinal:

  1. Evita alimentos procesados. 
  2. Disminuye el consumo de gluten. En muchas personas, limitar el consumo de gluten tiene un efecto positivo para las bacterias intestinales beneficiosas. 
  3. Consume grasas saludables. Son imprescindibles para un desarrollo correcto del cerebro e incluyen una importante cantidad de antioxidantes que protegen tus células.
  4. Toma probióticos (alimentos ricos en probióticos como el kéfir, chucrut, té de kombucha…). 
  5. Incluye frutos secos en tu dieta. 
  6. Semillas de sésamo. Contienen tirosina – aminoácido que potencia los niveles de dopamina en el cerebro. 

Resumen: la conexión intestino-cerebro [por qué es tan importante + cómo mejorarla] 

  • El eje microbioma-intestino-cerebro es una línea de investigación que ha avanzado mucho en los últimos 10 años, demostrando las importantes interacciones entre nuestro microbioma intestinal y nuestro cerebro, el desarrollo de patologías autoinmunes, sistema digestivo, el comportamiento, componentes emocionales, estado de la piel y de la salud mental, entre otros.
  • El entendimiento del individuo como un todo y nuestra relación con el entorno como sistema abiertos que somos nos obliga a cuidarnos de forma integral.
  • Mens sana in corpore sano” se puede explicar perfectamente con el eje intestino-cerebro.
  • “El hombre se puede envenenar tanto por lo que entra por su boca como por lo que sale de ella”, esta cita también nos muestra la íntima relación entre pensamiento, conductas y estado de salud física.
  • La dieta, el ejercicio, la reducción del estrés y el sueño son factores epigenéticos fundamentales para un correcto equilibrio de nuestro microbioma intestinal y por tanto, del bienestar integral de nuestro organismo.

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Bibliografía

  1. http://hdl.handle.net/10045/108385.
  2. Yoshikawa K, Kurihara C, Furuhashi H, Takajo T, Maruta K, Yasutake Y, et al. Psychological stress exacerbates NSAID-induced small bowel injury by inducing changes in intestinal microbiota and permeability via glucocorticoid receptor signaling. J Gastroenterol 2017; 52: 61-71.
  3. Wang Y, Kasper LH. The role of microbiome in central nervous system disorders. Brain Behav Immun 2014; 38: 1-12.
  4. Bravo JA, Forsythe P, Chew MV, Escaravage E, Savignac HM, Dinan TG, et al. Ingestion of Lactobacillus strain regulates emotional behavior and central GABA receptor expression in a mouse via the vagus nerve. Proc Natl Acad Sci U S A 2011; 108: 16050-5.
  5. Takanaga H, Ohtsuki S, Hosoya KI, Terasaki T. GAT2/BGT-1 as a system responsible for the transport of gamma-aminobutyric acid at the mouse blood-brain barrier. J Cereb Blood Flow Metab 2001; 21: 1232-9.
  6. Zhang D, Chen G, Manwani D, Mortha A, Xu C, Faith JJ, et al. Neutrophil ageing is regulated by the microbiome. Nature 2015; 525: 528-32.
  7. Gómez M, Tamón JL, Pérez L, Blanco JR. El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones. Rev Neurol. 2019 [acceso 02/04/2019];68:111-7. doi: https://doi.org/10.33588/rn.6803.2018223
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