Terapias del mar

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El efecto citopático: la alteración del terreno biológico

citopatico

Es curioso observar que cuando se emplea el concepto citopático, se hace desde una acepción más restrictiva, aunque se define  a la palabra citopático como perteneciente o que se caracteriza por cambios patológicos en las células, en la actualidad es más empleada para la denominación del efecto citopático producido principalmente por los virus, productores de cambios bioquímicos, moleculares, morfológicos y de viabilidad celular, visibles a microscopía óptica, causados por la replicación viral.

Posiblemente por no producir en la mayoría de los casos la muerte celular, cosa que sí suelen hacer un sinnúmero de sustancias que terminan con la célula, pasándose a llamar sustancias citotóxicas.

De todas formas son pormenores del lenguaje científico, que atienden al buen comunicar.

Pero más allá de las nóminas y los términos, cualquier elemento que afecte a la viabilidad de la célula es una sustancia citopática o citotóxica según produzca modificaciones en la célula o su muerte respectivamente.

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El terreno biológico como defensa a los fenómenos citopáticos

El terreno biológico hace referencia al medio en el cual tiene posibilidad la vida, esta última podrá ser o no, pero previo a ella se deben dar las condiciones que favorezcan su aparición y la perpetúen. Es ese estado de la materia, en el que la vida se puede estructurar con el almacenaje y empleo de las fuentes de energía, para la complejización de los procesos físico-químicos implicados en ella.

La unidad de vida es la célula, en términos generales, por lo que cuando pensamos en la que definimos como vida, debemos partir de la vida celular ya sea esta aislada, formando colonias u órganos y tejidos.

Desde esta proposición, emplear a la célula como elemento de estudio para determinar la vida, simplificar múltiples procesos, que dificultarían la diserción por el incremento de la complejidad que derivarían, y no son motivo del actual aserto.

La célula: entre Béchamp y Pasteur

Béchamp, un  opositor claro de la hipótesis del monomorfismo del siglo XIX, defendía el cambio de aspecto de los microorganismos cuando se producían modificaciones del medio. Era defensor a ultranza, de que es la célula la que predispuesta por ciertos fenómenos internos, como los desequilibrios ácido/base, alteraciones de  la carga eléctrica y otras, la que tendía a enfermar. Por otro lado nos encontramos con Pasteur el gran ideólogo de la Teoría del Germen, teoría que nos acompaña hasta nuestro presente. En ella postula que un microorganismo determinado es el que nos invade desde el exterior y nos produce una enfermedad.

En la actualidad siguen existiendo creyentes de una u otra teoría, según su perspectiva en el concepto de la salud y cómo debe afrontarse.

Pero si contextualizamos en el tiempo y el espacio, a estos dos grandes personajes, nos encontramos en la actualidad que ambos tenían buenas razones  y bien justificadas, y por tanto, parte de razón.

Tanto desde medios externos como desde nuestro medio interno, que no deja de ser un medio externo para la célula, aunque claramente es un medio interno para un organismo, existen agentes foráneos a la célula con efecto citopático o citotóxico, pero también tenemos intrusiones en la célula que tiene efecto citopático como los virus, por lo que resulta difícil determinar que está dentro o fuera en un sistema vivo, puesto que depende del marco referencial.

Lo que podemos decir es que existen microorganismos concretos que producen enfermedad, pero para ello se requiere de un medio predispuesto para que esta se pueda dar. Además aunque los microorganismos suelen producir una enfermedad concreta y debido a la naturaleza de estos, existe una taxonomía. También como postulaba Béchamp, “el microorganismo es capaz de cambiar”, y es así, puesto que pueden producir biofilms que les confiere nuevas características a la colonia, pero además, pueden modificar su expresión de moléculas inhibidoras de los efectos antibióticos, por ejemplo por medio del intercambio de plásmidos entre diferentes bacterias.

Por lo tanto en ambos postulados se advierten certezas, y sobre todo indican lo obsoleto de sus teorías, ya que por un lado un agente citopático en su intercambio/comunicación con su célula diana, a de superar ciertas barreras para poder producir enfermedad y tanto la célula diana como el agente citopático modificarán su fenotipo, su expresión de moléculas como respuesta al intercambio de información.

Terreno biológico de la célula: su matriz extracelular y el líquido intersticial

Como he mencionado, contemplaremos a la célula como la representante de la vida sin necesidad de ir a los sistemas y órganos celulares complejos, y posteriormente abordaremos el problema del desarrollo de los tejidos.

La célula parte y se desarrolla en un medio del que se nutre y ha de ser regenerado constantemente, para eliminar las sustancias de desecho, esa es la función del líquido que baña a la célula. Si esto se da, habrá una correcta actividad celular ¿Pero qué sucede si no se da de esta manera? Por un lado se incrementarán los metabolitos que han de ser eliminados interfiriendo en la nutrición celular, dando lugar a alteraciones metabólicas cuyas consecuencias son el desequilibrio, y acelerarán los procesos citopáticos y de envejecimiento celular.

En el caso de una célula aislada sería sencillo el mantenimiento del equilibrio mediante el cambio de su líquido extracelular ¿Pero que sucede en un sistema complejo como un ser vivo?

¿Podemos garantizar que esa matriz extracelular contenga el medio idóneo?

Este es uno de los grandes problemas asociado a los organismos complejos. Si introducimos una célula en un medio, es posible, que el medio supere en varios factores de magnitud al volumen celular. ¿Pero sucede lo mismo entre las células de un organismo y su medio interno? parece que esta relación no se da, por ejemplo; el líquido corporal total de una persona es un 60% de su peso total y de ese peso total 2/3 es líquido intracelular por lo que el líquido intersticial es mínimo, con relación a la suma de todas las superficies celulares del individuo.

Esto nos indica que el líquido intersticial o extracelular estás sometido a un desequilibrio constante ya que tiene que recoger una cantidad ingente de metabolitos tóxicos y depurarlos a la vez que tiene de nutrir a las células.

La Terapia Marina en solución isotónica, un medio idóneo

Por lo tanto para favorecer este gran trabajo del líquido intersticial y de los órganos emuntorios, el empleo de una solución isotónica como la ofrecida por la Terapia Marina es un buen complemento, ya que por sus características favorece la entrada de agua libre a los intersticios y además aporta 78 minerales y elementos traza, para dinamizar las reacciones enzimáticas, disminuir los intercambios de líquido entre los diferentes medios y de esa forma intervenir en la homeostasis, disminuyendo los efectos citopáticos tanto de naturaleza interna como externa.

Por lo que, la Terapia Marina tiene una serie de características que la hacen ideal para formar parte del arsenal, en busca del equilibrio del Terreno Biológico.

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