Cualquier elemento que afecte a la viabilidad de la célula es una sustancia citopática o citotóxica, según produzca modificaciones en la célula o su muerte respectivamente.
El terreno biológico como defensa a los fenómenos citopáticos
El terreno biológico hace referencia al medio en el cual tiene posibilidad la vida, las condiciones que favorezcan su aparición y la perpetúen. Representa el estado general del organismo y su capacidad para defenderse contra agresiones patógenas, incluyendo aquellas que pueden causar efectos citopáticos.
Los componentes del terreno biológico son:
- Sistema inmunológico y su capacidad de respuesta.
- Estado de la microbiota.
- Balance ácido-base.
- Estado nutricional.
- Capacidad de detoxificación.
Mecanismos de defensa contra efectos citopáticos
El organismo cuenta con varios mecanismos para proteger las células:
- Barreras físicas naturales.
- Mucosas.
- Piel.
- pH gástrico.
- Respuesta inmune.
- Producción de anticuerpos.
- Activación de células NK.
- Sistema del complemento.
La célula: entre Béchamp y Pasteur
Béchamp, un opositor claro de la hipótesis del monomorfismo del siglo XIX, defendía el cambio de aspecto de los microorganismos cuando se producían modificaciones del medio. Era defensor a ultranza de que es la célula la que predispuesta por ciertos fenómenos internos, como los desequilibrios ácido/base, alteraciones de la carga eléctrica y otras, la que tendía a enfermar. Por otro lado, Pasteur y la Teoría del Germen, en la que se postula que un microorganismo determinado es el que nos invade desde el exterior y nos produce una enfermedad.
Actualmente siguen existiendo creyentes de ambas teorías, según su perspectiva en el concepto de la salud y cómo debe afrontarse.
Tanto desde medios externos como desde nuestro medio interno (que no deja de ser un medio externo para la célula, aunque claramente sea un medio interno para un organismo) existen agentes foráneos a la célula con efecto citopático o citotóxico, pero también tenemos intrusiones en la célula que tiene efecto citopático como los virus, por lo que resulta difícil determinar que está dentro o fuera en un sistema vivo, puesto que depende del marco referencial.
Lo que podemos decir es que existen microorganismos concretos que producen enfermedad, pero para ello se requiere de un medio predispuesto para que esta se pueda dar. Además, aunque los microorganismos suelen producir una enfermedad concreta. Béchamp postulaba también que “el microorganismo es capaz de cambiar”, y es así, puesto que pueden producir biofilms que les confiere nuevas características a la colonia, pero además, pueden modificar su expresión de moléculas inhibidoras de los efectos antibióticos, por ejemplo por medio del intercambio de plásmidos entre diferentes bacterias.
Por lo tanto, ambos postulados tienen su parte certera. Un agente citopático en su intercambio/comunicación con su célula diana debe superar ciertas barreras para poder producir enfermedad y tanto la célula diana como el agente citopático modificarán su fenotipo, su expresión de moléculas como respuesta al intercambio de información.
Terreno biológico de la célula: su matriz extracelular y el líquido intersticial
La célula parte y se desarrolla en un medio del que se nutre y ha de ser regenerado constantemente para eliminar las sustancias de desecho, esa es la función del líquido que baña a la célula. Si esto se da, habrá una correcta actividad celular ¿Pero qué sucede si no ocurre de esta manera? Por un lado, se incrementarán los metabolitos que han de ser eliminados interfiriendo en la nutrición celular, dando lugar a alteraciones metabólicas cuyas consecuencias son el desequilibrio, y además acelerarán los procesos citopáticos y de envejecimiento celular.
En el caso de una célula aislada sería sencillo el mantenimiento del equilibrio mediante el cambio de su líquido extracelular ¿Pero qué sucede en un sistema complejo como un ser vivo?
¿Podemos garantizar que esa matriz extracelular contenga el medio idóneo?
Este es uno de los grandes problemas asociados a los organismos complejos. Si introducimos una célula en un medio, es posible que el medio supere en varios factores de magnitud al volumen celular. ¿Pero sucede lo mismo entre las células de un organismo y su medio interno? Parece que esta relación no tiene lugar. Por ejemplo, el líquido corporal total de una persona es un 60% de su peso total, y de ese peso total 2/3 es líquido intracelular, por lo que el líquido intersticial es mínimo con relación a la suma de todas las superficies celulares del individuo.
Esto indica que el líquido intersticial o extracelular está sometido a un desequilibrio constante, ya que tiene que recoger una cantidad ingente de metabolitos tóxicos y depurarlos a la vez que tiene que nutrir a las células.
Agua de mar isotónica [Plasma de Quinton]: un medio idóneo
Para favorecer este gran trabajo del líquido intersticial y de los órganos emuntorios, el empleo de una solución isotónica como la que ofrece el agua de mar isotónica (Plasma de Quinton) a través de la Terapia Marina es un complemento idóneo, ya que por sus características favorece la entrada de agua libre a los intersticios y además aporta 78 minerales y elementos traza para dinamizar las reacciones enzimáticas, disminuir los intercambios de líquido entre los diferentes medios y de esa forma intervenir en la homeostasis, disminuyendo los efectos citopáticos tanto de naturaleza interna como externa.
Por sus características, el agua de mar es una opción clave para lograr el equilibrio del terreno biológico.

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